El cierre de Javier Milei en el evento anual de la AmCham (Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina) dejó un sabor amargo y una cuota de desconcierto que pocos en el Círculo Rojo esperaban. Lo que debía ser un espacio de convergencia y ratificación de rumbos terminó en una escena de tensión, con un auditorio a medio llenar y reproches cruzados que evidencian una grieta cada vez más profunda entre el Ejecutivo y el sector inversor.
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El paso de Milei por el Centro de Convenciones no pasó desapercibido, pero no por las razones que el Gobierno hubiera deseado. Con un aforo que apenas alcanzó el 70% al momento de su intervención —producto de una diáspora de empresarios que prefirieron retirarse antes de tiempo—, el Presidente cerró su alocución con un tono beligerante que rozó el ultimátum.
Entre bostezos y reproches
“Más de lo mismo”, soltó un empresario mientras abandonaba el salón principal entre bostezos, minutos antes de que el mandatario lanzara su dardo más filoso. Milei, lejos de la diplomacia habitual de estos foros, apuntó contra la falta de inversión y el tibio apoyo del sector privado.
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“Vamos a escribir la mejor página de la historia argentina, nos acompañen o no nos acompañen. Si no nos acompañan, nos volvemos a casa”, sentenció el Presidente a los gritos, dejando en el aire una amenaza de fragilidad institucional que no cayó bien entre los asistentes, según publicó el portal mendocino MDZ.
Este discurso de "todo o nada" sintonizó con las declaraciones previas de Patricia Bullrich, quien instó de forma casi imperativa a los empresarios a "sacar los dólares del colchón". Para los hombres de negocios, la insistencia oficialista resulta contradictoria: se les ofrece un esquema de beneficios (como el RIGI) pero se los señala públicamente por no hundir capital en un contexto de recesión y alta incertidumbre.
Un aplauso de la "tribunita"
El contraste entre la narrativa oficial y la recepción real fue evidente. “Es inentendible. Se lo invita a un evento donde se le ratificó el apoyo al rumbo y termina diciendo eso”, comentó un ejecutivo de una multinacional a este medio, señalando la frialdad con la que se recibió el cierre presidencial. Según testigos, el entusiasmo quedó limitado a la “tribunita” de funcionarios y diputados que acompañaron al líder libertario para garantizar una cuota de ruido en el salón.
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Mientras tanto, el Gabinete optó por el silencio. Figuras clave como Luis Caputo (Economía) y Diego Santilli (Interior) evitaron el contacto con la prensa, en un clima enrarecido también por la situación judicial del Jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
El factor Adorni
A pesar de los elogios públicos de Milei hacia su vocero devenido en ministro —a quien calificó de pieza clave para desestabilizar al macrismo en su momento—, el mundo empresario no ignora el "ruido" que generan las denuncias en los tribunales de Comodoro Py.
“La transparencia y la corrupción son temas muy importantes y las noticias llegan”, advirtió otro empresario, haciendo alusión al asedio judicial que atraviesa el entorno de Adorni. Para el sector privado, que suele mirar con lupa la institucionalidad, las sospechas que rodean al "ministro coordinador" son un límite difícil de ignorar, por más promesas de desregulación que se pongan sobre la mesa.
En definitiva, la jornada en la AmCham dejó una postal de aislamiento: un Gobierno que exige inversiones bajo amenaza de abandono y un empresariado que, entre la confusión y el estupor, empieza a preguntarse si el "mejor equipo de la historia" no se está quedando solo en su propia épica.