La fecundación in vitro (FIV) podría estar a las puertas de su mayor revolución desde el nacimiento del primer bebé de probeta. La startup estadounidense Conceived Life Sciences asegura haber desarrollado el primer laboratorio de FIV casi totalmente automatizado, donde brazos robóticos y algoritmos de inteligencia artificial se encargan de gran parte del trabajo que hoy realizan embriólogos humanos.
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El sistema, bautizado AURA, busca estandarizar más de 200 pasos del proceso: desde la preparación de las muestras de semen hasta la manipulación de los óvulos y la creación del embrión. En vez de técnicos moviendo pipetas y placas bajo el microscopio, son robots los que procesan el material genético guiados por cámaras de alta resolución y software especializado.
Ya está en marcha
Según la compañía, las pruebas realizadas junto a clínicas de fertilidad ya derivaron en más de 20 embarazos y en el nacimiento de casi una veintena de bebés concebidos a partir de embriones generados con estos sistemas automatizados. Las tasas de éxito, afirman, son comparables a las de los mejores laboratorios del mundo que trabajan de manera tradicional.
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En un tratamiento típico de FIV, el éxito depende en gran medida de la pericia de unos pocos embriólogos altamente especializados, un recurso escaso y caro. Concebible plantea que la robótica y la IA permiten reducir errores humanos, mantener condiciones de laboratorio más constantes y, en el mediano plazo, abaratar los costos por ciclo, que en países como Estados Unidos pueden alcanzar decenas de millas de dólares.
La empresa proyecta además un modelo de expansión basado en laboratorios estandarizados que podrían instalarse en diferentes clínicas del mundo, multiplicando la capacidad de atención sin aumentar al mismo ritmo la plantilla de personal. Sus promotores hablan de “democratizar” la FIV y convertir un proceso artesanal en una especie de línea de producción de alta precisión para la reproducción asistida.
Bioética en alerta
Sin embargo, el avance abre interrogantes profundos. Los especialistas en bioética advierten que, si los algoritmos deciden qué óvulos, espermatozoides o embriones son “mejores”, los criterios de selección deben ser transparentes y auditables para evitar sesgos y decisiones opacas en un terreno extremadamente sensible. También aparecen dudas sobre la responsabilidad legal ante fallas del sistema: entre la clínica, la startup y los desarrolladores del software, la cadena de actores se vuelve más compleja.
La situación en Argentina
Para países como Argentina, donde la FIV es una opción cada vez más extendida pero todavía inaccesible para amplios sectores, la promesa de abaratar costos convive con el temor a una “uberización” de la fertilidad, guiada por la lógica de la escalada y la eficiencia. Mientras Conceived y otras empresas del sector afinan sus robots para fabricar embriones a gran velocidad, la discusión pública recién empieza a preguntarse hasta dónde se quiere —y se debe— automatizar la forma en que nacen los próximos humanos.