A dos meses de la tregua y presunto alto el fuego con Hamas, el gobierno de Israel bombardeó Franja de Gaza y mató al menos a 404 personas, entre ellas 5 presuntos líderes del grupo terrorista, aunque también a todas sus familias, niñxs incluidos.
Los bombardeos israelíes también dejaron 562 heridos según el Ministerio de Sanidad palestino. Los ataques, que comenzaron en la madrugada del martes, afectaron a múltiples localidades, desde la ciudad de Gaza hasta Rafah en el sur, marcando una nueva fase en la ofensiva militar de Benjamin Netanyahu.
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El Ejército israelí confirmó haber golpeado decenas de objetivos y advirtió que las operaciones militares continuarán “el tiempo que sea necesario”, sin descartar la reanudación de combates terrestres.
En paralelo, ordenó la evacuación de áreas como Beit Hanoun y Khuza’a, calificándolas como “zonas de combate peligrosas”. La decisión deja a miles de palestinos en una situación de extrema vulnerabilidad.
Hamas denunció que Israel rompió el acuerdo de alto el fuego, poniendo en riesgo la suerte de los 59 rehenes que aún permanecen en Gaza. En tanto, desde Israel aseguran que el nuevo ataque fue en respuesta a la negativa de Hamas de liberar a los rehenes que aún tiene en su poder.
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El movimiento islamista insistió en que la comunidad internacional debe intervenir para detener la escalada, mientras que el portavoz de la ONU señaló que António Guterres está “conmocionado” por la cantidad de civiles muertos y ha pedido restablecer el acceso humanitario.
Los hospitales de Gaza, ya devastados por más de un año de guerra, se encuentran colapsados. Equipos médicos informaron que la Media Luna Roja Palestina atendió a decenas de fallecidos y heridos, mientras los hospitales Al-Aqsa, Nasser y Al-Ahly reportan estar al límite de su capacidad.
Entre las víctimas se cuentan 16 miembros de una misma familia en Rafah.
La Casa Blanca respaldó la posición de Israel y culpó a Hamas por la reanudación de las hostilidades, afirmando que “pudo haber liberado a los rehenes y extendido el alto el fuego, pero eligió la guerra”.
El conflicto se intensifica en un escenario de negociaciones fallidas en Doha, donde mediadores de Egipto y Qatar intentaban lograr una tregua duradera. Hamas exige un alto el fuego permanente y la retirada total de las tropas israelíes de Gaza, mientras que Israel, con el respaldo de Estados Unidos, presiona para liberar a los rehenes a cambio de un cese temporal de los combates.
La ofensiva israelí deja una Gaza devastada. Gran parte del enclave está en ruinas tras 15 meses de conflicto, con más de 48.000 muertos desde el inicio de la guerra en octubre de 2023. La infraestructura y el sistema hospitalario han sido destruidos, mientras cientos de miles de palestinos sobreviven en refugios improvisados, sin acceso adecuado a alimentos ni medicinas.