La Franja de Gaza continúa entregando postales del horror contemporáneo, del genocidio que ejecuta el gobierno de Israel con la venia de la mayor parte del mundo. Tras más de dos meses de un bloqueo asfixiante y una ofensiva militar que ya dejó más de 50.000 muertos, en su mayoría mujeres y menores de edad, la situación humanitaria es insostenible y lleva a que incluso los aliados de Benjamin Netanyahu se animen a levantar la voz.
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Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), unos 14.000 bebés se encuentran al borde de la muerte inminente debido a la falta de ayuda humanitaria. Las imágenes de niños desnutridos y los desgarradores testimonios de los gazatíes reflejan una realidad que supera cualquier imaginación. El doctor Ibrahim al Ashi, desde Beit Lahia, describió cómo sanitarios del hospital indonesio evacuaron pacientes bajo proyectiles, muchos de ellos sangrando, utilizando solo sus manos por la ausencia de ambulancias.
La ofensiva israelí, bautizada "Carros de Gedeón", busca destruir a Hamás y recuperar a 58 rehenes, de los cuales se cree que 23 siguen con vida. Sin embargo, el primer ministro Benjamin Netanyahu también reconoció que una de las consecuencias de la operación es la expulsión de los palestinos de la Franja. "Estamos destruyendo cada vez más hogares, y los gazatíes no tienen ningún lugar al que regresar. El único resultado inevitable será el deseo de los gazatíes de emigrar fuera de la Franja de Gaza", afirmó, según el diario Jerusalem Post.
Este lunes, Israel permitió la entrada de apenas cinco camiones con ayuda humanitaria, una cifra ínfima si se compara con los 500 camiones diarios que ingresaban antes del conflicto. Tom Fletcher, secretario general para Asuntos Humanitarios de la ONU, advirtió que "14.000 bebés morirán en las próximas 48 horas" si no ingresa la ayuda necesaria para alimentarlos. La ONU espera introducir 100 camiones con alimento para bebés, medicinas y otros productos de primera necesidad.
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La decisión de Israel de permitir una cantidad "mínima" de ayuda se debe a la presión de sus aliados. Netanyahu, sobre quien pesa una orden de detención de la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, ha sido criticado por la frialdad de sus declaraciones. Sus socios de gobierno, incluso, lo cuestionan por permitir la entrada de ayuda, argumentando que "alimentaría a Hamás".
La comunidad internacional, y en particular Reino Unido, Canadá y Francia, han amenazado con "tomar represalias" contra Israel si la ofensiva continúa. En un comunicado conjunto, desestiman los argumentos de Netanyahu y exigen un alto el fuego, calificando el sufrimiento humano en Gaza como "intolerable". Aunque reconocen el derecho de Israel a defenderse tras el ataque del 7 de octubre, califican la escalada actual como "totalmente desproporcionada".
La consternación no se limita al ámbito diplomático. Cada vez más israelíes expresan su profunda preocupación por el desarrollo de la guerra. Yael Noy, directora de la ONG israelí Road to Recovery, lamentó: "Mis impuestos se están gastando en una guerra que ha matado a miles de niños. Estamos llevando a cabo un genocidio. Y no puedo hablar de ello en Israel". Su organización, que sufrió la pérdida de voluntarios en el ataque de Hamás, traslada a palestinos enfermos para recibir atención hospitalaria en Israel.
Incluso desde la oposición israelí se alzan voces críticas. Yair Golan, militar retirado, diputado y líder del partido Los Demócratas, fue tajante: "Un país sensato no libra combates contra civiles, no mata bebés como pasatiempo y no se fija como objetivo expulsar a una población". La tragedia en Gaza, con el foco en la vulnerabilidad de los más pequeños, interpela a la conciencia global y exige una respuesta urgente.