Desde la periferia, Francisco y la justicia social
En una sociedad de fomento, del conurbano, para discernir un legado de fe y política. Participaron ateos, creyentes, un cura, un pastor, un dirigente social, una concejal y una diputada nacional catequista.
“Laprida” está a cinco cuadras de la estación de tren. En Merlo Norte esta Sociedad de Fomento congregó en una ronda de mates a personas muy diversas, desde ateos, creyentes militantes, dirigentes sociales, una diputada nacional, una concejal, un director de culto hasta un sacerdote junto a un pastor evangélico. Todos queriendo escuchar y reflexionar sobre la justicia social.
Un día particular, el pasado viernes 24 de abril, en la hora de la tarde que se convierte en noche -se convocó a las 18 para empezar casi 19-, cuando la gran mayoría va cerrando su semana y se repliega en sus guaridas hogareñas o alguna salida descontracturada.
Otros elegían el camino de discernir que nos dejó uno de los líderes que marca nuestro tiempo, Jorge Mario Bergoglio convertido en Francisco.
“Viví los dos primeros encuentros del Papa Francisco con los movimientos populares. El primero en el Vaticano donde fuimos unos 150 militantes. Me acuerdo de verlo entrar a Sergio Sánchez con los cartoneros y un carro a la Basílica San Pedro. No lo podían creer la gente de seguridad. Al otro año vino el encuentro en Bolivia, en Satra Cruz de la Sierra. Ahí vi llorar un comunista con las palabras de Francisco”, reveló el más veterano de los presentes, que fue 12 años secretario general de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), Esteban “Gringo” Castro, hoy con casi 60 años convertido en un rezador diario del Rosario. “A la militancia y a la dirigencia le hace muy bien entender la fuerza de la oración. Bergoglio se levantaba todos los días a las 4 de la madrugada para rezar. Primero era la oración, el diálogo con Dios y después salía al mundo” y agregó el concepto de humildad, de abajarse, de no creérsela, “porque la oración te hace entender que por encima nuestro está Dios”.
Se impactaron de su prédica el sacerdote local Pancho Velo y el pastor evangélico porteño, Héctor Santojanni, que trabaja en un penal de Florencio Varela junto a su esposa.
La mateada fue conducida por Micaela Rodríguez, que junto a otros militantes de Argentina Humana escribieron un documento de tres hojas titulado “custodios de la justicia social”, además colocaron una mesa con una pequeña imagen de la Virgen de Luján, que tenía a su lado un cuadro artístico de Francisco, con diseño de Melisa Blois, y un proyector para ver un breve documental con definiciones del Papa.
Un docente de historia, otro en religión, una enfermera comunitaria, un abogado penalista, un trabajador social, la concejal local Jésica Uño; la diputada nacional “y orgullosamente catequista”, Fernanda Miño; el director de culto, Ezequiel Pereyra, entre otros, saboreaban y compartían unos verdes mientras recibían el saludo de Matias, fundador de “Laprida” la Sociedad de Fomento, quien habló de “amor pagano. No tengo fe, pero creo en el amor de los pueblos”.
La concejal Uño confesó que “a la noche pienso que hice mal y que bien”. No lo definió, pero eso es acercarse al discernimiento. “Era esos militantes que creían en un Estado dividido de la iglesia. Ahora estoy entrando a la fe por Juan Grabois y Francisco y ya no estoy en esa”, largó uno de los jóvenes. “En la unidad 1 de Olmos presentamos este libro que compila todos los discursos de Francisco en las cárceles”, largó Nora Calandra y regaló copias de esos ejemplares con tapa color rosa. “Miro las ovejas perdidas y me acerco a rescatarlas. Sean en el Congreso, en el barrio o donde sea”, sostuvo la diputada Miño y le siguió un militante “tenemos que llamar nuestras compañeras de los comedores o merenderos, visitarlas, si Francisco lo hacían cada día a la parroquia de Gaza como nosotros no lo hacemos acá”.
La sinodalidad que habla la iglesia católica se accionó por la militancia política en la periferia de la Ciudad de Buenos Aires, en el tren de la línea Sarmiento, a 1 hora de ida.