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Parasite: lucha de clases a la coreana

Franco Alinovi

Llega a los cines argentinos el aclamado y multipremiado film de Bong Joon-ho que competirá en los Oscar como Mejor Película y Mejor Película Extranjera, entre otros rubros.

Con la obtención de la Palma de Oro en la última edición del Festival de Cannes, Parasite inició un vertiginoso derrotero que cualquier cineasta anhelaría para la suerte de su película. Repentinamente, el nuevo film del surcoreano Bong Joon-ho pasó a estar en boca de todos, en un espectro que podría ir desde el crítico más inclemente hasta el espectador más novato. El destino se define por sus caprichos y el cine no es ajeno a esta especie de máxima.

En este sentido, no está de más advertir que Parasite llega a los cines argentinos con sobrecarga verbal, una incidencia que -por más méritos artísticos que reúna- podría jugarle en contra y jaquear su futuro, porque para una obra de cualquier índole es más saludable perdurar en la memoria colectiva que conquistar un éxito fugaz. Sin embargo, uno sospecha que pasada la algarabía de los primeros tiempos del romance, la película encontrará su justo lugar. Tiene con qué, no hay dudas.

La historia de Parasite se centra en una familia de desocupados (un matrimonio con un hijo y una hija) que vive en un pequeño subsuelo, con una única ventana ubicada al ras de la vereda. Un buen día, uno de sus miembros consigue trabajo como profesor de inglés de una adolescente de familia adinerada. El joven asiste regularmente a la fastuosa casa de su alumna, gana su confianza, y pronto pone en marcha un plan que involucra a sus padres y su hermana y que tiene por finalidad apaciguar las penurias económicas del clan.

Revelar algo más de la trama sería atentar innecesariamente contra el film. Solo digamos que la máquina del engaño arranca funcionando sin sobresaltos; y que si se descontrola, nadie sabe cómo pararla.

En sintonía con films anteriores de Bong Joon-ho (como The Host o la colosal Memorias de un asesino), Parasite es una película tan ambiciosa como equilibrada, dos rasgos que a primera vista pueden resultar incompatibles. El realizador coreano desbarata esa creencia al poner a convivir a dos familias materialmente antagónicas, una decisión que no siempre da buenos resultados en el cine y que en el film constituye el imán del relato. Todo pasa en la casa de los ricos; las órdenes y la prepotencia de unos, los acatamientos y la simulación de los otros. Y por más que la mansión sea inmensa, cuanto más interactúan las familias, más asfixiante se torna el espacio.

Apoyado en un guión que roza la perfección, Bong Joon-ho logra que la dinámica de esa convivencia esencialmente despareja tenga atenazado al espectador, quien sigue atento los pasos de cada personaje y a la vez espera sediento que la bomba explote en la fortaleza de los burgueses. Como sus mismos personajes, Bong Joon-ho no titubea; en Parasite las escenas se suceden vertiginosamente en busca de una resolución. Esta decisión, además de constituir un acto de fe narrativo, es una de las marcas registradas del cineasta de Corea del Sur.

Con respecto a la construcción de los personajes, si quisiéramos hilar un poco más fino deberíamos remarcar que los ricachones que retrata Bong Joon-ho exhiben una ingenuidad y un egoísmo desmedidos, condiciones que parecen responder exclusivamente a los requerimientos del guión. Pero más allá de esta observación, los personajes de Bong Joon-ho nunca pierden la credibilidad.

Para finalizar, un deseo: independientemente de su propio recorrido, ojalá que la repercusión que alcance Parasite en occidente logre abrirles las puertas a otras películas orientales que esperan, ansiosas, nuevos públicos. Que así sea.

MUY BUENA

Parasite (Gisaengchung) Corea del Sur. 2019. 132’. Dirección: Bong Joon-ho. Guión: Kim Dae-hwan, Bong Joon-ho, Jin Won. Fotografía: Kyung-Pyo Hong. Música: Jaeil Jung. Elenco: Song Kang-ho, Lee Seon-gyun, Jang Hye-jin, Cho Yeo-jeong, Choi Woo-sik, Park So-dam.

Parasite - trailer

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