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Siempre es difícil volver a casa

Se estrenó el film palestino Invitación de boda, ganador del premio a Mejor Película en la última edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

En su tercer largometraje, la realizadora palestina Annemarie Jacir retrata la relación paterno-filial entre Abu (Mohammad Bakri), un profesor de 60 años que vive en Nazaret, y Shadi (Saleh Bakri), un arquitecto treintañero radicado en Roma. Con motivo de la inminente boda de su hermana Amal (Maria Zreik), Shadi regresa a su ciudad natal para ayudar a Abu con los preparativos. Así, padre e hijo se suben a un auto para entregar en mano todas las invitaciones, tal como manda la tradición local.

El film de Jacir muestra el derrotero de Shadi y Abu por Nazaret a bordo de su desvencijado Volvo, un espacio restringido que, en sintonía con la ciudad, pronto se vuelve asfixiante para padre e hijo. El conflicto palestino-israelí, la violencia callejera, los rígidos mandatos sociales, son cuestiones del afuera que de a poco se van infiltrando en ese auto en forma de tensión filial. Desde el comienzo de la película queda claro que sus discusiones y desacuerdos tienen causas concretas; la distancia generacional y geográfica entre ambos produjo una fractura que ahora, viajando uno al lado del otro, no se puede disimular.

Uno de los grandes méritos de Invitación de boda es que las desavenencias entre padre e hijo son expuestas sin excesos, dejando entrever que en sus miradas opuestas sobre las costumbres palestinas y el presente de Nazaret también es posible reconocer deseos compartidos. Más allá de los conflictos familiares (que existen y que serán abordados con mayor intensidad en la parte final del film), los protagonistas parecen quedar enlazados por el dolor que les causa una ciudad -y un país- en permanente convulsión. Porque aunque resulte una obviedad, es necesario decirlo; pese a sus diferencias, Shadi y Abu quieren lo mismo, una nación en paz.

En este sentido, también es para destacar cómo Jacir retrata a los protagonistas en su recorrido por Nazaret; mientras Shadi es indignación, Abu es mansa adaptación. Para el hijo, volver a la patria significa asimilar sus cambios o -como de hecho ocurre- reaccionar ante ellos. Su tiempo en el exterior terminó por forjarle una visión implacable sobre la vida cotidiana en Nazaret. Bien distinto es el caso de su papá, un hombre apegado a las tradiciones que -sin embargo- busca adecuarse a lo que establezcan las autoridades de turno. A los ojos de Abu, todo sea por vivir en armonía en su querida y alterada ciudad.

Otro logro importante de Jacir es la manera en que narra las visitas de Shadi y Abu a las casas de parientes y amigos para entregarles sus invitaciones, ofreciendo una serie escenas donde el humor se hace presente en dosis justas. Con astucia, la directora apela a esas reuniones para que la tensión entre el padre y el hijo entre en un estado de reposo hasta que se vuelvan a subir al auto, el ring de sus desacuerdos.

En conclusión, Invitación de boda es un film honesto sobre la vida en Nazaret. Lejos de ofrecer una mirada panfletaria sobre el conflicto palestino-israelí, el film retrata los tiempos agitados a partir de la relación de un padre con su hijo. A veces, la mayor distancia es la generacional.

MUY BUENA

Invitación de boda (Wajib) Palestina. 2017. 96’. Dirección: Annemarie Jacir. Guión: Annemarie Jacir. Fotografía: Antoine Heberlé. Elenco: Saleh Bakri, Mohammad Bakri, Maria Zreik.

Wajib

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