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Rebelión en la finca

Se estrenó Lady Macbeth, un sorprendente drama ambientado en la Inglaterra victoriana.

El director de teatro inglés William Oldroyd debuta en el largometraje con una película majestuosa. El calificativo no es exagerado; porque más allá de estar basada en una novela del escritor ruso Nikolái Leskov, no es común encontrarse con una ópera prima tan sólida. 

Lady Macbeth narra la historia de Katherine (Florence Pugh), una joven que en la Inglaterra rural de 1865 contrae matrimonio con Alexander (Paul Hilton), un hombre que la dobla en edad. Desde el vamos, su vida de casada es un martirio. El marido la denigra sistemáticamente, tanto en público como en la intimidad, exigiéndole -entre otras cosas- que no salga de la finca que habitan y que se desnude para poder masturbarse a la distancia. También es maltratada por su suegro, quien le recuerda que sus únicas funciones en esa familia son obedecer a su esposo y traer al mundo un nuevo heredero. A la vista de esos hombres de la nobleza, Katherine no es más que un objeto.

Sin embargo, los días de opresión, soledad y aburrimiento de la joven se terminan cuando conoce a Sebastian (Cosmo Jarvis), un irreverente empleado de la finca con el que vivirá un tórrido romance. A partir de ese momento, Katherine ya no será la misma: enamorada, feliz y con una seguridad inquebrantable, se mostrará desafiante ante su marido y su suegro, no dejándose avasallar por su machismo victoriano. En pocas palabras, esa joven dócil y reprimida desaparece. Aquí digamos que sería imprudente adelantar algo más de la trama, porque una de las claves del film se encuentra precisamente en lo que ocurre tras ese cambio en Katherine.

Con Lady Macbeth, Oldroyd rompe con el clásico retrato de época. No le interesa narrar solamente las desventuras de una joven en una sociedad furiosamente patriarcal, sino que también pretende hacer foco en su accionar tras destruir el cerco machista que la mantenía cautiva.

Así, el realizador inglés nos ofrece un film que está atravesado por dos momentos bien diferentes. En una primera parte, somos testigos de la asfixiante cotidianeidad de Katherine. En este sentido, cabe destacar la puesta en escena, porque para mostrar su aislamiento Oldroyd apela a una serie de planos largos de Katherine recorriendo la casa como un fantasma. A su vez, con suma inteligencia, el director también se vale de un par de escenas donde la joven observa el imponente campo desde el ventanal de su cuarto.

Rígida en su contemplación, Katherine entiende que la vida está allá afuera. Pero cuando empieza a compartir sus días con Sebastian, el film toma un rumbo del que más de un espectador se sorprenderá. En esta segunda instancia, Oldroyd coquetea con el thriller, mostrando a una Katherine implacable a la hora de defender su nuevo rol en la casa.

Otro acierto del film es la ausencia de diálogos extensos. En Lady Macbeth la narración fluye, justamente, porque las palabras de los personajes van dejando paso a sus acciones. En ese sentido, un personaje central es Anna (Naomi Ackie), la criada de Katherine, quien tras ser testigo de las conductas de su patrona, pierde el habla.

Con una notable actuación de Florence Pugh, podríamos concluir que Lady Macbeth es un film sobre la naturaleza humana. Además de aportar una mirada sobre las relaciones de poder, esas que existen en todas las sociedades de cualquier época, la película de Oldroyd es entretenida, captando la atención del espectador de principio a fin. ¿Qué más se puede pedir?

MUY BUENA

??Lady Macbeth Reino Unido. 2016. 89’. Dirección: William Oldroyd. Guión: Alice Birch (basado en una novela de Nikolái Leskov). Fotografía: Ari Wegner. Elenco: Florence Pugh, Paul Hilton, Christopher Fairbank, Cosmo Jarvis, Naomi Ackie, Bill Fellows.

Lady Macbeth - trailer

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