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Hay una intrusa en la mesa

Con Toni Collette, Harvey Keitel y Rossy de Palma como protagonistas, se estrenó la película francesa Madame, una insulsa comedia romántica con ribetes dramáticos.

Anne (Toni Collette) y Bob (Harvey Keitel), una pareja estadounidense acomodada, se instalan en París y organizan en su fastuosa casona una cena con amigos de la alta sociedad. Con la visita inesperada de Steven (Tom Hughes), el hijo de Bob, la cantidad de comensales asciende a trece, un número que la supersticiosa anfitriona prefiere evitar. Entonces, rápida de reflejos, decide sumar a la mesa a una de sus empleadas domésticas, María (Rossy de Palma), cuya participación en la velada no hará más que desatar el conflicto sobre el que girará Madame, film de la francesa Amanda Sthers.

Casi instantáneamente, la presencia de María en la mesa aristocrática no pasará desapercibida para el resto de los invitados. Pese a la advertencia del matrimonio anfitrión sobre la necesidad de que guarde silencio, empujada por los nervios y el vino irá ganando visibilidad, participando activamente en las conversaciones y hasta despachándose con un par de chistes. Todo esto, obviamente, ante la mirada atónita de Anne y Bob. Sin embargo, lo que terminará por poner a María en el ojo de la tormenta burguesa será, ni más ni menos, su conquista: aquella noche, con información falsa de por medio, el marchand David Morgan (Michael Smiley) quedará cautivado por ella. Y ahora sí, la indignación de los anfitriones, principalmente de Anne, será total.

Madame arranca como una típica comedia de enredos, donde las mentiras y los malentendidos están a la orden del día. En esa instancia, la narración se apoya en el humor, tal vez el único acierto del film. Aquí es decisiva la labor de la ex "chica Almodóvar" Rossy de Palma, que en la piel de María se hace cargo de las escenas más divertidas de la película (a decir verdad, muy pocas). A puro histrionismo, acá la española vuelve a dar muestras de su solidez actoral.

Sin embargo, el problema de Madame surge cuando abandona esa comicidad inicial y se transforma de algún modo en el cuento de la Cenicienta. María se enamora del distinguido David, entra inocentemente en el mundo de los ricachones y está contenta. Así, mientras su alegría crece, la rabia de la patrona Anne también. Pero la felicidad es efímera, sobre todo para quienes se atreven a transitar por espacios que históricamente les están vedados. Por lo tanto, como no podía ser de otra manera, María empieza a sufrir y ese amor aristocrático ya no es sinónimo de dicha.

En este sentido, Madame se presenta como un cuento de hadas moderno que, justamente por su condición, no ofrece mayores atractivos. Si bien también procura retratar la decadencia de los acomodados (Anne y Bob tienen sus respectivos amantes, entre otros secretos), el guión no aporta ningún giro novedoso que logre reformular con cierta inteligencia la tradicional historia y rescatar al film de la monotonía. En definitiva, la película de Sthers no tiene nada nuevo para decir. Ni siquiera la escena final, tal vez la mejor del film, la salva del olvido. Recordando el libro de Gilles Deleuze, digamos que el cine es diferencia y repetición.

REGULAR

Madame Francia. 2017. 91’. Dirección: Amanda Sthers. Guión: Amanda Sthers, Matthew Robbins. Fotografía: Régis Blondeau. Elenco: Harvey Keitel, Toni Collette, Rossy de Palma, Michael Smiley, Tom Hughes, Violaine Gillibert, Stanislas Merhar, Sue Cann, Ariane Seguillon, Amélie Grace Zhurkin.

Madame - trailer

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