Imperdibles

Los ojos en el éxito ajeno

Bienvenidos a Emilia Envidia, una ficción sobre celos que transitan dentro y fuera del terreno online.

Mientras los ratings de la televisión abierta argentina tocan fondo y sus ficciones o son mainstream o no son nada, asomarse al (todavía) discreto panorama de las series webs locales puede ser una buena idea. Todo aquello que los canales de aire no pueden o no quieren hacer encuentra en la web un terreno fértil. Emilia Envidia, reconocida como una de las tres series web ganadoras de la Bienal Arte Joven Buenos Aires en 2017, es, en este sentido, una apuesta interesante.

La serie sigue los pasos erráticos de Emilia (Valentina Rata Zelaya) una joven cineasta argentina empantanada en la concreción de su primera película. Con dosis variables de tedio, indecisión y angustia, la protagonista debe lidiar con el sorpresivo reconocimiento profesional de su mejor amigo Nacho (Iair Said) , con quien comparte una trayectoria similar y aspiraciones comunes.

El telón de fondo de la serie remite a dos temáticas que afloran en casi todas las escenas: la precarización laboral que atraviesa el campo de la realización audiovisual (fundamentalmente entre los principiantes y entre quienes aspiran a “pertenecer”) y la aceptación o negación -más o menos conscientes- de esa misma situación por parte de los diferentes personajes.

Al mismo tiempo, la serie despliega un implícito catálogo de los nuevos vínculos online: conseguir trabajo, expresar alegría (falsa o auténtica) o preguntarse por la propia angustia son todas acciones que se viven en (y a través de) las pantallas. En este sentido, Emilia Envidia tematiza las redes sociales pero también las utiliza como recursos narrativos que permiten “resolver” desde el guión aspectos importantes de la trama y/o de los personajes y sus características.

Por plata o por hobby

El terreno donde Emilia envidia es perfectamente reconocible para todos aquellos que hayan trabajado en los medios de comunicación en particular y en las “industrias culturales” en general: precarización laboral encubierta (o admitida a regañadientes), prejuicios entre lo comercial y lo cool y el estatus difuso de los trabajos “aceptables” para la profesión audiovisual. ¿Qué hace una futura directora, con su ópera prima atascada, asistiendo a un fotógrafo de eventos? ¿Por qué es necesario aclarar que los estudiantes de cine deben editar gratis o “no sé, le comprás los almuerzos...”?

Las respuestas a éstos y otros dilemas salen de la peor manera: Emilia carece de tacto, sus rictus fingidos no convencen a nadie y, en el mientras tanto, una vocecita que no es del palo se atreve a pronunciar ese tipo de frases que ella nunca quisiera oír: “Trabajar es por plata, lo otro es hobby”.

En medio de toda esta desorientación, llega la noticia que “rebalsa” los niveles de envidia de Emilia: Nacho gana un premio en el Festival de Berlín. Empieza entonces una cadena de reacciones torpes y atolondradas que llevarán a la protagonista a desdoblarse (de forma pésima, por cierto) entre su rol de “jefa” de una editora ad honorem y su fugaz paso como asistente de un fotógrafo de quinceañeras.

Estados de ánimo y estados de Facebook

Pero mientras la envidia offline de Emilia se limita a caras mal disimuladas y un par de ataques de mal humor, sus estados de ánimo más íntimos quedan expuestos ante las pantallas. Así, mientras va en taxi, lee desde su teléfono las felicitaciones que recibió Nacho por su película en Facebook y de forma casi metódica likea cada uno de los comentarios positivos hacia Nacho aunque su expresión dista de coincidir con su conducta.

A tono con la época, Internet también aparece como un refugio desesperado y facilista para volcar esas angustias que no pueden verbalizarse con las palabras propias. Emilia pasa de googlear los síntomas de la depresión a contestar un test de autoestima online en apenas un minuto.

Pero esta “Emilia de las pantallas” desnuda, además, otro rasgo contemporáneo que traza, paralelamente, los vericuetos de una profesión que se mueve “por contactos” y la incidencia de las redes sociales en ello. Así, buscar trabajo es una acción que puede traducirse en una seguidilla de pasos virtuales consistente en poner un “me encanta”, mandar un inbox de Facebook, escribir en Whatsapp y finalmente soltar una nota de voz con la excusa (a esta altura inverosímil) de que “me anda medio mal Internet”. Todo un muestrario de las nuevas formas de (des)encontrarse en la virtualidad.

Aunque Emilia Envidia está lejos de ser una serie sobre los vínculos en la era digital, todas las incursiones del personaje principal en el terreno online dejan al descubierto la brecha entre lo que se clickea en las redes y el estado de ánimo real, entre lo escrito en un mensaje y las verdaderas intenciones. No se trata de que no haya hipocresía en la vida “offline” (en efecto, la serie también da abundantes señales sobre eso) pero sí de que la interacción solitaria de la protagonista frente a las pantallas acaba siendo, a los ojos del espectador, la prueba categórica de su irrefrenable envidia.

Emilia Envidia consta de 7 episodios de menos de 10 minutos. Se puede ver por el canal de YouTube de UN3TV.

Emilia Envidia - Episodio I

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