Alanis trabaja como puta. Con su bebé y con Gisela (Dana Basso), una compañera varios años mayor, comparte un privado en el centro donde vive y atiende. Haciéndose pasar por clientes, dos inspectores municipales clausuran su hogar y se llevan a su compañera, acusada de “trata”.

Alanis es Sofía Gala, la protagonista casi excluyente de este drama que mezcla oscuridad conceptual con cierto costumbrismo sucio que el cine argentino viene explotando bien desde hace unos años. En ese contexto es que la presencia de Sofía y la de su propio hijo son el himán más potente del film, dirigido por Anahí Berneri (la misma de la gran Un año sin amor).

Alanis llega con su ropa de trabajo y llena de engaños a parar a lo de una tía, en un local de modas frente a Plaza Miserere, pleno agujero negro de la porteñidad. Desde ese barrio de tránsito y border, Alanís intenta recuperar su dignidad, ayudar a su amiga y cuidar a su hijo.
 
 
La realizadora destaca que su film cuenta "tres días en la vida de una prostituta y su pequeño hijo". Asimismo es que describe lo que simboliza para la película la presencia de Gala. "El cuerpo sexual y el cuerpo de madre como desafío actoral. La intimidad de Sofía Gala Castiglione con su hijo Dante: sus miradas, su trato animal, las tetas, las risas y llantos que me dejaron capturar".
 
"Una Buenos Aires multiracial, marginal e inmigrante. Las prostitutas dominicanas que llegaron engañadas con un futuro mejor, las peleas por ganar un lugar en la calle y los departamentos “privados”. El vacío legal, la persecución y la vergüenza de quienes ejercen un trabajo, son víctimas de una forma de esclavitud o simplemente encontraron una forma de sobrevivir. Alanís es una película urgente, callejera, carnal, amorosa y política", describe Berneri sobre su nueva obra.
 

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