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Los secretos del espionaje en el film sobre Snowden

Oliver Stone estrenó su versión de los hechos vividos por el arrepentido más famoso de la CIA. Conspiraciones, paranoia y vértigo.

Snowden
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Con J.F.K. instaló para siempre la hipótesis de que al presidente mejor recordado de los Estados Unidos lo asesinó una intrincada conspiración de los servicios de inteligencia y otros factores de poder que marcaron a fuego la historia del país del norte. Hoy, luego de algunos años de dedicarse a los documentales, Oliver Stone vuelve a la ficción con un relato sobre Edward Snowden, el enemigo público número 1 de la CIA, Barack Obama y los hackers al servicio de Washington.

Stone no es un hombre de sutilezas (ahí está Natural Born Killers para testificar) y cuando le pone el ojo a un personaje lo hace a fuerza de idealización, discurso y cierta pontificación (recordemos sus documentales sobre Chávez y Fidel). Sin embargo, el interés que genera su cine se debe en parte a que ocupa un lugar de trinchera en un Hollywood que habla desde sus telarañas conservadoras.

Snowden, en cuanto a lenguaje cinematográfico, está en el promedio de la corrección estético-narrativa. Sus más de dos horas transcurren con altibajos pero surfeando la ola con ajustada calidad técnica, algunos pasajes de épica denunciadora y mucho atril con aseveraciones con un ojo en la posteridad y otro en la urgencia.

Snowden
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El plus del film, además de un cast encabezado por el siempre correcto Joseph Gordon-Levitt, es el de su director, que no escatima panfleto pero lo hace como nadie porque maneja la técnica, tiene estilo y se apropia de todo barroquismo narrativo a mano para decir lo suyo con firma al pie. Y eso, en medio del híbrido que viene apoderándose de los directores mainstream, es, para empezar a hablar, un mérito.

"Hay otras maneras de servir al país"; le dijo el médico que atendió a Edward Snowden el día que lo operaron por una lesión que lo dejó fuera del Ejército. Esa jornada, según Stone y según el propio relato del hacker -en base al cual está estructurado el guión- comenzó una carrera psicotrónica por las arterias del aparato de inteligencia de Estados Unidos.

El director de Platoon es un gran estilizador de las teorías conspirativas y su film es un ejemplo de cómo trazar una línea en el aire de la paranoia y enclavar allí una serie de supuestos que se hacen carne con solo transformarlos en texto en boca del héroe de la historia.

La cinta que tapa la cámara web porque la NSA la puede mirar, los correos electrónicos filtrados por palabras clave, los 5 millones de estadounidenses que fueron espiados en búsqueda de información secreta, los teléfonos pinchados, los micrófonos ocultos. El Big Brother como dios posmoderno, la CIA como central de inteligencia todopoderosa. El gran ojo al servicio del poder. Un gran concepto que se atomiza en miles de posibilidades de persecusión cada segundo de nuestras vidas. Stone recicla teorías y las pone en el celuloide. Nos ratifica sospechas, nos crea miedos nuevos. Es solo rock and roll y nos gusta.

"¿Creés que a alguien le importa una guerra por arena y aceite en ese pozo que es Irak?" le pregunta a Snowden su jefe, que luego le aclara el mapa y le dice que más o menos todos presuponemos: "lo que interesa es manejar todo lo demás". Y ese todo lo demás es lo que devela la trama de un film tan correcto como vertiginoso en su inquietante e inabarcable fuera de campo.

MUY BUENA

Snowden. EE.UU., 2016. Dirección Oliver Stone. Guión Kieran Fitzgerald y Oliver Stone, basado en los libros de Anatoly Kucherena y Luke Harding. Con Joseph Gordon-Levitt, Melissa Leo, Zachary Quinto, Nicholas Cage.

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