Como cada año el Bafici deja de ser el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente para transformarse en algo más salvaje: la muestra cinéfila más aguerrida y con mirada a futuro de las que presenta la agenda nacional. La edición 18, que acaba de finalizar y atravesó la Ciudad como nunca, ofreció films para todos los gustos, más cerca o más lejos de la vanguardia.

Entre los largos que pasaron por los ojos de Alucinema, hay al menos 10 que movilizaron más allá del celuloide frío, el resultado de boletería y las normas o supuestos festivaleros. 

1. Malgré la nuit, de Philippe Grandrieux (Francia, 2016)

Es un merecido futuro clásico del posmo indie. Por haber pegado primero, mejor que ninguno y por buscar el knock out sosteniendo la batalla hasta el último round. La metáfora boxística no por muy usada pierde efecto al hablar de este opus de Grandrieux, especialista en retratar la sordidez y la desesperación con la misma familiaridad y soltura con la que Woody Allen filma en el Central Park. Personajes perdidos en sus agujeros negros, sufrimiento en loop y una oscuridad narrativo-formal con un pie en Haneke y otro en el Von Trier que valía la pena ver. 

2. Right Now, Wrong Then, de Hong Sang-soo (Corea del Sur, 2015)

El amable realizador surcoreano presentó un melodrama delicioso, un crucero del amor que troca claveles por cactus y bombones por sushi con sake recargado de alcohol. Una historia de amor contada dos veces, con matices sin exagerar y escenas sin edulcorante. Imperdible por donde se la mire.

3. Hitchcock / Truffaut, de Kent Jones (EE.UU. 2015)

El gran documental del Bafici 2016 sobre el libro de cine que marcó al siglo XX. Nada menos que eso es este trabajo que reconstruye el encuentro entre el realizador inglés y el francés para el libro que el segundo editó con la rigurosidad de un cinéfilo enamorado de su maestro y objeto de culto. Algunas de las míticas frases que Hitchcock le dice a Truffaut en el libro aquí pueden escucharse mientras se repasan algunos momentos clave del cine de suspenso y se cruzan imágenes de ese choque de planetas. 

4. La larga noche de Francisco Sanctis, de Francisco Márquez & Andrea Testa (Argentina, 2016)

Premio mayor del festival (Mejor Película en la Competencia Internacional) a un retrato hasta ahora invisibilizado en pantalla grande sobre los años de dictadura militar: la acción de los que elegían no enterarse de nada pero tomaron partido. El Francisco Sanctis del título es un oficinista que una noche se entera que horas después los servicios van a "chupar" a una pareja. Tiene su dirección y debería avisarles. Qué hace Sanctis con ese dato es lo que recorre la dupla Márquez-Testa en un inteligente reprise del After Hours de Scorsese, pero con el plus de la sangre nuestra.

Bonus Track: el premio tiene sabor a revancha para los realizadores, ya que el día que presentaron el film fueron insultados en público por quien fuera director del Bafici en los años del delarruismo y hoy oficia de fervoroso militante de Cambiemos, Quintín.  El ataque ocurrió luego de que los directores pidieran que el negacionista Darío Lopérfido renuncie a la Secretaría de Cultura porteña. “Váyanse a la puta madre que los parió”, les gritó el hoy fervoroso militante de Cambiemos.

5. La noche, de Edgardo Castro (Argentina, 2016)

Quizá el trabajo más jugado en lo estético y lo temático que haya visto el Bafici en muchos años. El actor y ahora director Edgardo Castro (el doctor de Kryptonita) mete los pies en el barro de la noche porteña y la recorre en plan de militancia por la decadencia y, más que ninguna otra cosa, contra el deber ser. La noche es un film que recurre al porno para contar (no sin tropiezos) un derrotero triste en el que la posibilidad de un happy end es una utopía en deconstrucción a medida que avanza el relato. Así como la primera mitad redunda en planos que juegan a la urgencia y subrayan lo evidente, la segunda es una pieza perfecta de caída libre sin red. De esta manera, llegar hasta la formidable secuencia de suspenso, drama y perdición entre el protagonista y un turbio muchacho punk justifica la previa repetición obsesiva de platos con cocaína y fellatios. El largo causó escozor entre el bienpensantismo chic y no pocos espectadores que se levantaban en plena proyección espantados por lo explícito. Por esto y por lo antedicho es que está entre lo más celebrable del Bafici (y quizá de todo el 2016).

6. ¿Dónde estás, negro?, de Alejandro Maly (Argentina, 2016)

La vida y obra de Chasman y su muñeco (¿creación, alter ego, hijo?) Chirolita ocupa la mitad de este documental que sorprende a fans, neófitos y sorprendidos de la ventriloquía. La otra parte se dedica a retratar un universo ominoso como es el de gente que pone toda su libido en una marioneta de madera. Entre jugosas anécdotas sobre Chasman contadas por Silvio Soldán, el periodista de rock devenido en ventrílocuo Daniel Riera y hasta un ex comisario fanático de sus muppets, el film de Alejandro Maly refresca el género y pone un poco de luz sobre un oficio, por lo menos, misterioso.

7. The Comedy, de Rick Alverson (Estados Unidos, 2012)

Como si las pulcras producciones de Wes Anderson fueran atacadas por la versión más anárquica de Andy Kaufman después de leer un guión de los Farrely brothers y tomarse algo con Louie. Eso es lo que son las comedias de Rick Alverson, rara avis de enfant terrible de New York que en este caso puso a su protagonista en el barrio super cool de Brooklyn, Willamsburgh, pero lo llenó de alcohol y pretenciones de ser lo que no es. Punk rock en forma de comedia.

8. Francofonia, de Aleksandr Sokurov (Rusia/Francia, 2015)

Sokurov (el monstruo sagrado de El arca rusa y la más cercana El sol) se mete aquí con la ocupación nazi de Francia y con el foco puesto en la obsesión del Tercer Reich con el arte y, en particular, con el Museo del Louvre, al que protegió más que a ninguna otra cosa del país galo. El realizador traza un ensayo sobre el totalitarismo pero más que nada sobre los múltiples tentáculos del arte, que "no nos enseñó sobre lo prescindente", dice a modo de reclamo por esa necesidad que tenemos de cuidar y atesorar todo atisbo artístico. 

9. Hijos nuestros, de Juan Fernández Gebauer & Nicolás Suárez (Argentina, 2015)

Estuvo entre lo más disfrutable del último festival de Mar del Plata y repitió hazaña en Buenos Aires. Un impagable Carlos Portaluppi interpreta a un taxista hincha fanático de San Lorenzo que no filtra situación alguna sin estar saplicado por su pasión azulgrana. Ni siquiera su vida amorosa. La historia breve que cuentan Gebauer y Suárez se agiganta en cada escena bien lograda, en cada diálogo con pulsión de genialidad. Un golazo, podríamos decir.

10. La calle de la amargura, de Arturo Ripstein (México/España, 2015)

Es el mismo Ripstein que nos cacheteó en Principio y fin y nos reventó a tiros en Profundo carmesí, pero con un plus de podredumbre conceptual. ¿Qué puede salir de una trama que une enanos luchadores que no se sacan las máscaras para tener sexo y un dúo de prostitutas entregadas al crimen y la estafa? Esto sale: otro pequeño clásico del Buñuel mexicano.