Algunas se estrenaron, otras se están por estrenar y muchísimas más jamás llegarán a las salas comerciales e incluso quizá ni siquiera puedan llegar a encontrarse en vía Internet. El reciente Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, en su 30ª edición, dejó algunos títulos que sirven para resumir de qué se trató este último encuentro cinéfilo frente al mar.

De entre los 400 films que formaron parte de la selección y más allá de los premios Astor que se llevaron las producciones en competencia, hay un puñado -con densidad propia, con mayor o menor apetencia por la cuestión competitiva- que merecen un apartado. Aquí están, estas son.

Hijos nuestros (Argentina), de Juan Fernández Gebauer y Nicolás Suárez
Carlos Portaluppi protagoniza uno de los trabajos más logrados y a la vez desencorsetados del festival. Un hincha fanático de San Lorenzo que maneja un taxi, un pibe que la rompe en un equipo de fútbol 5, una madre separada y una relación sentimental que remite desde El romance del Aniceto y la Francisca hasta Sintonía de amor. En el medio, Daniel Hendler compone a un cura de tablón y de paso la locutora de Telefónica dice que tu chica “está garchando con otro”. Golazo de media cancha.

Remember (Canadá), de Atom Egoyan
Se alzó con el Premio del Público y no por nada. El egipcio Egoyan, presente en el certamen, puso a un octogenario Christopher Plummer a la convencida búsqueda de un nazi de los campos de Auschwitz. A través de un relato clásico, con una sensibilidad que por momentos roza cierto tono cursi, el director de Ararat logra contar una historia de piel de gallina, montada sobre un guión que busca en el dolor para abrir llagas tapadas con curitas. 

Gored (EE.UU./México), de Ido Mizrahy
El matador sevillano Antonio Barrera fue retratado con algo de pasión mucho de oficio en la imagen por el director Ido Mizrahy. La fiebre taurina, en declive pero con sus adeptos todavía viscerales, mantienen una tradición que hoy sobrevive en España y México como últimos estertores de una cultura que parece cuasi prehistórica. ¿Cultura o salvajismo? El documental ayuda a sentir algo de lo que pasa en las plazas. El debate seguirá. 

Eva no duerme (Argentina/España), de Pablo Agüero
Este trabajo de Pablo Agüero le dio perfil y personalidad a la edición número 30 del MDQ Fest. Lo que sucedió con el cadáver de Evita luego de su muerte, el manoseo por parte de la dictadura que volteó a Perón, el embalsamamiento del cuerpo y, años después, el ajusticiamiento de Aramburu. Una parte central de la historia argentina revisitada desde una óptica nacional, con la mira puesta en un antiperonismo que, como se sabe, marcó de la peor forma la segunda mitad del siglo XX. Gran oficio en la dirección, montaje y sonido. Y el elenco, enorme, con destellos imborrables de Daniel Fanego y el francés Denis Lavant.

El apóstata (España/Uruguay/Francia), de Federico Veiroj
A propios y extraños llamó la atención la justeza de la mirada del uruguayo Federico Veiroj para describir a la España de estos años. El realizador cuenta una anécdota (la de un amigo que hizo los trámites para apostatar como Dios manda) y la transforma en un trazo sobre el choque de la era contemporánea con la siempre medieval Iglesia Católica. Y amén.

Tiempo suspendido (Argentina/México), de Natalia Bruschtein
La realizadora retrata los últimos días de la integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora Laura Bonaparte que, además, es su abuela. El quid del documental, breve, emotivo, finamente visceral, es el paso del tiempo y la paradoja de que una mujer que luchó por sostener la memoria la esté perdiendo a pasos de gigante.

El abrazo de la serpiente (Argentina-Colombia), de Ciro Guerra
La amazonia colombiana retratada desde la mirada de los científicos blancos que recorrieron el lugar y, por sobre todo, lo comprendieron. Fue uno de los films más queridos por el público y la crítica presente en Mar del Plata. Su protagonista estuvo en la ciudad costera y se llevó de recuerdo el afecto de cientos de espectadores ávidos de estar cerca de semejante historia. Hollywood nunca lograría una empatía así.

Lulú (Argentina), de Luis Ortega
Toda nueva incursión de Ortega es una buena noticia por sus pinceladas sobre los márgenes y una estética que se aleja del preciosismo sin dejar de lado la imagen siempre correcta. Aquí el más indie de la familia de Palito sigue a un joven que se gana la vida recogiendo sobras de carnicerías. La ficción argentina sigue en buenas manos. Bonus track: la participación en el cast del inusual Daniel Melingo.

Office (China/Hong Kong), de Johnnie To
¿Un musical hecho por uno de los maestros del cine vertiginoso, el policial estilizado y los tiroteos imposibles? Acá lo tenés. El genio de Hong Kong estuvo en Mar del Plata y enamoró con cine y gallardía. Le pertenecemos, maestro.

Mundo extraño (Argentina/Brasil), de Franz Eichhorn
Cine super retro con una única función dentro del festival. La Argentina de 1950 parió este film para masas que quedó como pieza de culto. Aventuras al borde del explotation, sin afroamericanos pero con un Indiana Jones filo gay en la patria peronista.

B-Movie: Lust and Sound in West Berlin 1979-1989 (Alemania), de Jörg A. Hoppe, Heiko Lange, Klaus Maeck
La última década de la Alemania signada por el Muro observada a través del prisma sonoro de una generación que pedía a gritos apertura aunque sin saber exactamente para qué. Nick Cave, sexo, drogas, rock and roll y capitalismo. No es poco.

Film Ist. (Austria), de Gustav Deutsch
Una experiencia lisérgica a cargo de la experimentación pura, dura y adorablemente freak. De los mejores viajes que el festival dirigido por un clásico de clásicos como Martínez Suárez nos ha dejado ver. Se proyectó en tres bloques, uno mejor que el otro. Especial atención al segmento A girl & a gun.

Sucio y desprolijo: el heavy metal en Argentina (Argentina), de Paula Alvarez, Lucas Lot Calabró
Un documental ¿definitivo? sobre la movida más militante y fiel de ese planeta del inframundo llamado Rock Nacional. Pappo les dio el título y los testimonios de músicos y público le pusieron lírica de vereda, cerveza y galpón con parlantes defectuosos. Un festival de cine dentro del festival de cine.

Daemonium: Soldado del inframundo (Argentina), de Pablo Parés
El mejor eco de Farsa Producciones. De uno de los cerebros de la productora que partió en dos la historia del cine de género en Argentina, llega un film que nos dice que aquí sí podemos hacerlo. Hollywood en castellano pero bajo presupuesto con actitud clase A. Eso. Ciencia ficción, aventura, un toque de Mad Max y testosterona con clase.

Kryptonita (Argentina), de Nicanor Loreti
El film que llegó para saldar la deuda pendiente que el cine argentino tenía con el comic. Basado en la novela de Leonardo Oyola, este trabajo del mismo director de la sorprendente Diablo nos dice qué hubiera pasado si Superman, Flash y el Joker (entre otros), surcaran el asfalto del conurbano bonaerense. El resultado es una película argentinísima en la que Wonder Woman es una travesti (enorme Lautaro Delgado) y Diego Capusotto un inevitable Güasón. Uno de los títulos que agotó las entradas a poco de ponerse en venta. Pasión y nerdez unidas; nada malo podía resultar de eso.

El sistema Gorevision (Argentina), de Valentín Javier Diment
Germán Magariños, el realizador argentino ante quien el español Jesús Franco parece Steven Spielberg, marcó y sigue marcando un estilo de pensar, hacer y proyectar cine. De Holocausto Cannabis a Los Super Bonaerenses, el cine argentino tiene un bache de insanía mental que este documental sabe explorar y exponer. No más preguntas señor juez.

Fabio, crónica de un director (Argentina), de Alejandro Venturini
Tal como lo dice el título, el film recorre al realizador paradigmático del cine argentino a través de testimonios y material de archivo. Un registro tan clásico que al director de Gatica le hubiera agradado tanto como quizá lo hubiera incomodado por la glorificación que hace de su figura. Pero sea como fuere, se trata de un registro necesario.

As mil e uma noites: volumen 1, 2, 3 (Alemania/Francia/Portugal/Suiza), de Miguel Gomes
Tres películas que pudieron verse por separado (a dos horas cada una) en una grilla que le dio un lugar destacado al realizador portugués. Gomes remixa el documental social con la ficción basada en el presente de una europa casi en ruinas. Los clásicos relatos de Las mil y una noches revisitados, reconvertidos y transformados en un grito ambicioso, realista y a la vez grotesco, tan lejos y tan cerca del documental como de la ficción.

Lexter, la ola perfecta (Argentina/Brasil), de Luis Hitoshi Díaz
La cultura pop (inter)nacional y popular puesta al servicio de uno de esos buenos ejemplos del cine desgenerado pero más cerca de la comedia que de ninguna otra cosa. Un conductor de radio sin mejor destino que el olvido es el protagonista de un film con múltiples guiños a la contemporaneidad del show radial vernáculo, pero montado sobre una estructura que se la banca y banca los trapos. El futuro del cine argentino es, entre otras formas, así.

Afternoon (Taiwán), de Tsai Ming-liang
El realizador asiático de The Hole y Goodbye Dragon Inn llegó al festival con una cámara fija que lo retrató durante poco más de dos horas dialogando con su actor fetiche, su amigo, su concubino, su amor imposible. La excusa es hablar de cine y la vida, que es más o menos lo mismo, pero pasando por estaciones como sus viajes por el mundo, los excesos, su particular relación y hasta el mate que probaron durante su visita a Buenos Aires años atrás. Un poco de autoindulgencia, algo de testamento consciente y mucho de pasión por el testimonio.